sábado, 7 de agosto de 2010

Capítulo uno

Autora: Neissa.
Género: Humor.
Advertencias: Cualquier parecido con la realidad es puramente intencional~

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La noche estaba en calma, la luna llena brillaba en todo su esplendor. Valeriya suspiró. Se imaginaba una perfecta velada en su amplio salón con un buen vaso de vodka y una compañía agradable. Pero no, se recordó con seriedad, tenía trabajo. Unos imbéciles se habían creído que podían pasarse de listos con la organización y ella se había visto en la "desagradable" situación de mostrarles cómo se las gastaban sus chicos. Maldito papeleo. ¡Mira que tener que hacer que eso cada vez que se cargaban a alguien! Qué horror, así casi le daban ganas de ser buena y compasiva ―casi, ¿qué os creías? ―.

Unos golpes en la puerta llamaron su atención y dejó los documentos a un lado. Se acomodó correctamente el pelo rubio y miró hacia la entrada con una mirada de calculada amenaza.

―Pasa ―ordenó con autoridad. Había que mantener una imagen ante el personal, no se fueran a creer que podían hacer lo que quisieran.

Un hombre moreno entró con mirada irónica. No le molestó: siempre era así. Pero sus ojos refulgían con seriedad. Endureció la mirada. Había problemas.

―Lera, tengo dos malas noticias ―comenzó mirando a la mujer fijamente. No le gustaría lo que iba a decirle.

―Sí, sí ―dijo apremiante con un gesto―, deja de vacilar y dime qué coño pasa. Estoy ocupada, ¿sabes, Enki?

―Alguien ha estado… bueno, no te gustará esto pero… ―Tragó saliva ante la mirada asesina que le dirigió― Bueno, el caso es que nuestros espías nos han notificado que alguien ha estado pasando información de la organización. Hemos conseguido frenar a la poli, pero no sabemos quién está detrás de esto.

Valeriya se levantó bruscamente detrás del despacho. Unos papeles cayeron al suelo, pero no les prestaron atención.

―¿Qué no sabéis quién está detrás del chivatazo? O sea, la organización se va a la mierda y vosotros, malditos incompetentes, no os molestáis en mojaros el culo para descubrirlo. Mira, Enki, hay veces que…

―Oye, oye ―protestó el hombre―, no te molestes tanto, Lera. Tengo todo planeado, he reunido a todos nuestros agentes en tu casa (gracias a Dios que la has remodelado y ampliado). Al final de la noche te entregaré la cabeza del traidor.

La mujer se tranquilizó y se volvió a sentar. Se repitió mentalmente que no estaba todo perdido, que ella siempre lo arreglaba todo y que por eso su organización había llegado tan lejos.

―Me alegra ver que te lo tomas con la seriedad pertinente, Enki. ―Su mirada reflejaba sorpresa ante ese actitud.― Bien, pillaremos a ese cabrón y le daremos lo suyo. ¿Qué es lo otro que me querías decir? Espero que no sea demasiado importante con los problemas que nos traemos entre manos.

Enki parecía genuinamente avergonzado. Valeriya le miró con interés, pero anticipando algo nefasto.

―Bueno, esto ya es directamente culpa mía pero… Winry… Esto…

La mujer se mostró sorprendida y su rostro adquirió un cariz de preocupación.

―¿Winry? ¿Qué le ha pasado? No me digas que la han relacionado con nosotros y la tienen secuestrada―dijo alarmada.

―¡No, no, no es nada de eso! ―se apresuró a aclarar― Tú sabes que Winry no sabe nada de esto, de la organización.

―Sí, vive en su mundo de felicidad, ¿y qué? ―comentó malhumorada, preguntándose a dónde llevaría toda esa tontería.

Enki tomó aire y se lanzó:

―Estaba harto de que no nos tomara en serio cuando hablábamos las cosas del trabajo, de que se riera de mí. Decidí convencerla de que todo esto es verdad, que soy una persona importante y que debe respetarme si aprecia su vida.

El hombre levantó la mirada ante su jefa y palideció. Estaba roja de furia, su mirada podría haberle fulminado mejor que un rayo.

―¿Qué has hecho, Enki? ―preguntó con suavidad engañosa.

Antes de responder, retrocedió hasta la puerta. Pura precaución, se dijo.

―Le he dicho a Winry que se venga a la mansión. No me mires de esa forma: sólo le he dicho que tenía algo que comentarle.

Valeriya sintió que su sangre volvía a correr y cómo su corazón recuperaba su habitual ritmo.

―Bien, ¡no me des estos sustos, joder! Si Winry supiera todo esto… ―Se estremeció ante la idea. Sacudió la cabeza apartando esa idea y le miró con renovada curiosidad.― Pero dime, ¿cómo conseguiste que vinieras? Si tú le dices que se vaya a Mexico, Winry es capaz de irse a la China.

―Le dije que le iba a hacer un regalo ―explicó encogiéndose de hombros.

―Oh, vale, eso lo explica todo ―asintió. Con serenidad, preguntó―: ¿Va a venir pronto? ¿Esta semana? ¿Cuánto tiempo nos queda?

Enki bajó la mirada y la mujer lo miró desconfiada.

―La verdad.

―La verdad… ya debería estar aquí.

Un grito resonó por toda la mansión, sobresaltando a los guardias. Uno apostado en la entrada sacudió la cabeza preguntándose qué habría hecho esta vez Enki para fastidiar a la jefa y volvió la mirada a la joven que estaba parada ante él. Era rubia, y tenía corto y ajustado vestido rojo. Pegaba menos allí que un mono en palco de un concierto de ópera. No podía creerse que esa fuera la mujer sobre la que Enki les había advertido. Parecía… inofensiva, y Enki era experto en la lucha cuerpo a cuerpo. Se encogió de hombros mientras esperaba a su compañero, que había ido a comprobar la identidad de la chica.

Winry se cruzó de brazos y bufó enfadada. ¿Quién era ese gorila y por qué no la dejaba pasar? Ese Enki seguro que le había gastado una broma y le había mandado allí para que la echaran. Que Lera era rica… y qué más. Ella era propietaria de un bar, según sabía, y esa mansión no podía pagarse con su sueldo. Mataría a Enki a collejas. ¡Y encima le había dicho que se pusiera guapa y colorida! Allí todo el mundo iba con colores apagados y se la quedaban mirando con miradas extrañas y recelosas. ¿Qué sitio era ese?

―¿Vais a dejarme pasar o no? ―le espetó al gigantón de la puerta. Éste alzó una ceja y la ignoró― ¡Sé que me oyes! ¿Vive aquí Valeriya Petrov o no? ¡Tengo frío y me duelen los pies! ―se quejó agitando los brazos.

―Si quieres te caliento yo, no me importaría… Ni te acordarás de tus pies.

Dimitri se acercó a la entrada y se encontró con una escena que lo dejó boquiabierto. La chica rubia pegaba a Dave con un gran bolso y chillaba cosas inteligibles ―captó un "pervertido"―. El guardia vio a su compañero y le gruñó:

―Dave, dime que no es la chica para darle su merecido ―Winry le sacó la lengua. No le creía.

―Lo lamento, compañero, es ella ―se rió mientras la agarraba de un brazo y la introducía en la mansión. Dave se quedó atrás con expresión fastiada.

Y fastidiada era una forma suave de calificar la expresión de la mandamás de la organización. Enki había esquivado sus proyectiles hasta ahora, y temía que sacara su pistola. Amigos o no, Lera tenía muy mala hostia y un revólver.

Unos golpes en la puerta cortaron la discusión y Valeriya dijo con voz seca que entraran. Un agente apareció en el umbral. Si el aspecto del desordenado del despacho o la mano de su jefa cerrándose sobre el cuello de Enki le llamaron la atención, no lo demostró.

―Jefa, la chica ha llegado al control de seguridad y ha pitado el sensor. ¿Desea que la registremos? Lamento si la pregunta le molesta, pero nos habían comunicado que el procedimiento con ella tenía que ser… diferente ―dirigió su mirada a Enki, que asintió aún medio asfixiado.

―No, no la registréis ―negó separándose del hombre y recuperando la compostura. ―Traedla directamente aquí. NO la enseñéis nada, ¿de acuerdo? ―advirtió frunciendo el ceño.

―Claro, jefa.

Valeriya se sentó tras su mesa y suspiró, de repente muy cansada. En cuestiones de papeleo, enfrentamientos o contrabandos podía improvisar y salir con la mejor de la soluciones; pero discutir con Winry le daba dolor de cabeza . Cuando debía estar atenta, se mostraba despistada. Cuando rogaba por que no se diera cuenta de lo que hacía, se volvía sumamente perspicaz. Se preparó mentalmente para lo que venía. ¿Cómo iba a sacarla de la casa?

Unos pasos hicieron que las espaladas de ambos se tensaran como las cuerdas de un piano. Llamaron a la puerta y se abrieron al recibir permiso. Winry y el agente pasaron al despacho.

Enki y Valeriya esperaron que dijera algo, que los acusara de algo o soltara alguna broma sobre la seguridad, pero no dijo nada. Ni siquiera los miraba. Su atención se concentraba en el guardia que la acompañaba, visiblemente incómodo ante su indiscreción.

Por fin, Winry miró a su amiga con la boca abierta y exclamó:

―¡Tía, pero si es…! ¡Dios!

La mujer por fin comprendió qué le pasaba y sonrió.

―También se llama Sasha. Y es ruso ―aseguró, viendo cómo los ojos de Winry empezaban a brillar y se emocionaba―. Es… mi primo, ¿nunca te he hablado de él?

―¡Qué dices! ¡Qué zorra, Lera! Mira que no decirme que tenías semejante familia ―Sasha endureció el cuerpo, esperando el estallido de furia de su jefa. Perplejo, comprobó que sonreía.

―Lo siento, lo siento, pero ahí lo tienes.

―Sólo le falta ser piloto y ya es perfecto ―bromeó Winry mientras Enki rodaba los ojos.

Sasha, que no parecía comprender nada, comentó:

―Soy piloto.

La habitación se sumió en el silencio. Winry, increíblemente, no decía nada. Su mirada había dejado de lado toda broma y expresaba seguridad.

―Sasha, ¿quieres casarte conmigo? ―preguntó muy seria.

Valeriya se atragantó y empezó a toser, mientras Enki comenzaba a reírse a carcajadas escandalosamente. Winry los ignoró; miraba seriamente a Sasha. Éste pensaba sobre de qué manicomio se habría escapado esa lunática.

Una bombilla se encendió en la cabeza en la líder de la organización. Enki sonrió de medio lado: sabía lo que iba a decir.

―¡Perfecto! Hay una capilla por aquí cerca y conozco a un cura que podría hacerlo esta noche. Sólo salgamos de aquí y…

―¿Salir? ―repitió Winry, confundida mientras agarraba a Sasha de un brazo (quien tenía cara de querer escapar rápidamente del despacho) ―¿No podemos casarnos aquí?

―No te he dado el sí ―protestó el hombre.

El barullo del despacho se escuchaba por toda la planta. Dave, que había sido relevado en la puerta, sacudió la cabeza.

―Dima, ¿estás seguro de que no podemos cargárnosla?

Dimitri rió entre dientes y negó con un gesto.

―Enki me ha dicho que no es solo amiga de la jefa, sino también su amante.

El hombre abrió los ojos.

―¿Estás seguro?, ¿no lo diría de coña?

―Parecía estar seguro de ello. ¿Te imaginas a la jefa montándoselo con ella? ―Los dos sonrieron ensoñados ante la imagen mental. Un ruido fuerte en la sala los despertó. ―Parece que hay problemas, entremos ―dijo abriendo rápidamente la puerta.

Sasha estaba en mitad del despacho, y los miraba de forma suplicante ―¿suplicante?― mientras trataba de sacudirse a la joven que se colgaba de su brazo. El agente miró desesperado a su jefa, que parecía haber perdido la cordura ―ya ni intentaba nada con Enki, quien se partía en el suelo―.

―¡Jefa, esto no puede ser! ¡Tengo novia y no había visto nunca antes a esta chica! Le repito que no puedo casarme con ella ―dijo mirando a Winry, que hacía pucheros pero le agarraba con una fuerza inusitada en alguien de su tamaño.

Dave suspiró con fuerza y la fulminó con la mirada.

―Jefa, hay que encargarse de ella. Es un peligro para la Organización del Gato Negro.

Valeriya le miró con expresión asesina, provocando que el guardia palideciese. ¿Qué había hecho ahora?

―Estás muerto, idiota.

―¿La Organización del Gato Negro? ―preguntó sorprendida Winry, soltando sin querer a su presa. Viéndose momentáneamente libre, Sasha emprendió la huida.

―Esto… Sí, es el nombre de mi bar ―improvisó la mujer pasando una mano por su cabello.

―Qué cliché. Y da mala suerte. Los gatos negros no son buenos, te traerán desgracias al bar. ―No vio los pares de ojos llenos de desdén y continuó―: ¿Qué tal la Organización del Gato con Botas? Es más original, y puedes añadir tu toque personal añadiendo algo, como "Organización del Gato con Botas Rosadas". ¿A que es una cucada?

Valeriya no podía articular palabra. Las risas de Enki se intensificaron.

―¡No te rías, bobo! ¡Es p-r-e-c-i-o-s-o! ¡Y me debes un regalo! Y… ¿eso es un revólver?

Winry se acercó a la mesa y cogió el arma cargada, mirándola con curiosidad. Enki se sintió repentinamente amenazado. La mujer simplemente enterró sus manos en su cara.

―Me veo al final de la noche tirándome a un pozo…

―¡No digas eso, mujer! ―canturreó alegremente Winry agitando el arma. Todos los presentes se pusieron a cubierto discretamente― Parece tan real… Dios, si hasta pesa y todo. Tú y Enki lleváis demasiado lejos ese juego vuestro de la mafia… A propósito, ¿adónde fue mi prometido?

―Salió huyendo de la novia. Creo que te ha dejado plantada en el altar, Winry ―no pudo evitar bromear Enki.

Winry frunció los labios ofendida y se le ocurrió una idea. Con un gesto dramático, levantó el arma y apuntó a Enki.

―Eso es una ofensa, caballero. Pague por ella ―dijo con afección mientras apretaba el gatillo, esperando un simple chasquido.

Alucinada, vio como Enki caía y el caos se abría paso. Miró el revólver y lo tiró al suelo, limpiándose las manos. Por suerte tenía mala puntería y sólo le había dado en el hombro. Winry miró a Valeriya, que la fulminaba con la miraba y negaba lentamente con la cabeza. Señalando a Enki, quien se retorcía en el suelo, dijo con voz cargada de inocencia:

―Lera, ¿habías dicho algo de un pozo?

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Le pasa la pelota a Vicky~

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